pan de tomate y olivas
Últimamente me sorprendo pensando en cosas de mi vida en A. Y las recuerdo con un sentimiento de nostalgia y cariño.
Me he comprado la misma panificadora que teníamos allí. El primer día que la puse en marcha, al oír el sonido de su aspa al amasar, me llenó los ojos de lágrimas. Pienso en esa época en azul oscuro, veo la casa, los techos tan altos, la belleza de las líneas, la sensación de soledad, mi dolor real, físico, ese cuerpo destrozado contra un pino en recuperación. Recuerdo esos años con cariño, y me sorprende, fue un tiempo tan difícil y tan duro. ¿Cómo puede la cabeza jugar estas pasadas? Los sentimientos principales partían de la soledad, el sentir a mis afectos lejos en el espacio geográfico. Y luego del dolor corporal.
Estaba tristísima, hundida, rota. Y lo recuerdo con cariño.
Pero por fin lo he entendido. En esa época, y ahora, hay algo que subyace, que lo empapa todo, que no quería nombrarse ni quiere ahora. Es un duelo.
Aquella época me parece mejor porque aquel duelo ya está completado.
Qué complicada es la cabeza humana. Haré pan, siempre va bien.



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