À la belle étoile. Capítulo 1

Hola.

La verdad es que esperaba un mail. Ambas nos expresamos estupendamente por escrito, y ambas sabemos de los peligros de conversaciones entrecortadas por whastapp. Sentarse a escribir una carta y escupir el contenido del alma es una terapia que nos funciona. Y, con suerte, reflotar una amistad que parece hundida en la fosa de las Marianas. 

Pero no. Desde Navidades, cuatro meses. Y  nada. Tal vez lo estés esperando tú tanto como yo. Sin embargo, la única misiva que vas a recibir es esta, que leerás si algún dia te pasas por aquí picada por la curiosidad. 

Y tampoco voy a desvelarte nada que no sepas, o al menos sospeches. Esto es un lugar donde vomito mis mierdas, y esta ha sido una que se atragantó en algún kilómetro de mis tripas recosidas. Por suerte, ya fue. Echar aquí esto es lo que me queda para cerrar un capítulo definitivamente. Y no sin dolor. Pero no podemos aferrarnos al pasado a cualquier precio, y a ningún beneficio. O a un beneficio sometido a sospecha. 

Dijo R. que le contaste apesumbrada que no te quiero hablar. Ay, amiga, ¿volvemos a estar en el colegio? ¿Andamos por el patio buscando aliados? ¿O tal vez información? ¿Que R. interceda? No creo que tengas una visión demasiado acertada de lo que este chico es para mí y para tí. Probablemente tampoco la tenga yo, pero aparentemente no está para muchas tonterías, y su escala de lealtades parece firme. Creo que espantó este asunto como si espantase una mosca, y le dio la importancia que a estas edades merecen los correveydile de patio de escuela. 

Lamentablemente no voy a poder dedicar hoy mucho tiempo, tengo algunas cosillas que hacer, ya sabes, trabajar, la custodia exclusiva, una reunión en Valencia para un recital poético, celebrar en un japo el cumpleaños de una de mis hijas... Pero prometo seguir. En el título está la intención, van a ser capítulos.  





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